EL SIGUIENTE DISCURSO FUE PREPARADO CON OCASIÓN DEL PRIMER ENCUENTRO DE PERUANOS EXITOSOS RESIDENCIADOS EN EL EXTERIOR. (18/10/2008)

HASTA EL DÍA EN QUE VUELVA:
Hasta el día en que vuelva, de esta piedra
nacerá mi talón definitivo,
con su juego de crímenes, su yedra,
su obstinación dramática, su olivo.
Hasta el día en que vuelva, prosiguiendo,
con franca rectitud de cojo amargo,
de pozo en pozo, mi periplo, entiendo
que el hombre ha de ser bueno, sin embargo.
Hasta el día en que vuelva y hasta que ande
el animal que soy, entre sus jueces,
nuestro bravo meñique será grande,
digno, infinito dedo entre los dedos.
A 70 años de la muerte del más universal de los inmigrantes peruanos: César Vallejo, no creo que exista otra referencia más emparentada a esta reunión de hombres que se atrevieron a salirse del mapa de su habitual existencia, ni creo que cualquier cátedra de estudio que hoy forma parte del aforo de esta sala, esté ajena a los considerandos que cada uno de nosotros vamos a emitir en nuestras respectivas alocuciones, ¿por qué no?... Imprecaciones.

En este sentido, cuántas veces no se nos ha pasado por la vida aquél pintoresco día en el que pareces parafrasear a Vallejo y dices:
«Reanudo mi día de conejo, mi noche de elefante en descanso. Y, entre mi, digo: ésta es mi inmensidad en bruto, a cántaros»
Si, así son los días y las noches cuando sientes que tus pasos están fuera del mapa tradicional que te trajo al mundo, cuando adviertes que no hay fin de semana para el asueto de familia, cuando lo único que te acompaña y da la cara contra lo que te rodea es precisamente la cultura que dio forma a tu existencia. Y cuando hablamos de cultura, abarcamos absolutamente todas las artes aprendidas en la vida. Dentro de las cuáles, el peruano destaca desde el momento en el que elabora sus alimentos. Es quizás el mayor aporte cultural de los últimos tiempos, me refiero a la gastronomía peruana, que como parte de su subsistencia en el planeta tierra, también emigró y le dio la vuelta al mundo, provocando las más inusitadas apetencias por nuestros platos típicos incas y criollos. Qué decir de nuestra artesanía y de nuestros artesanos y profesionales en general.
Pero, algún otro vallejiano dirá:
«Pero cuando yo muera
de vida y no de tiempo,
cuando lleguen a dos mis dos maletas,
éste ha de ser mi estómago en que cupo mi lámpara en pedazos,
ésta aquella cabeza que expió los tormentos del círculo en mis pasos,
éstos esos gusanos que el corazón contó por unidades,
éste ha de ser mi cuerpo solidario
por el que vela el alma individual; éste ha de ser
mi hombligo en que maté mis piojos natos,
ésta mi cosa cosa, mi cosa tremebunda»
y volverá aquél cíclico pensamiento cavernícola que siempre nos acompaña:
«Hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé,
golpes como el odio de Dios,
como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma,
yo no sé,
Serán tal vez, los potros de bárbaros Atilas
o los heraldos negros que nos manda la muerte…»
He allí al hombre y su circunstancia, diría Ortega y Gasset, he allí las dos caras de la medalla del que decide irse al extranjero.

La primera, ustedes la tienen a la vista aquí en esta sala, en vivo, directo, con los seleccionados para un premio que sin duda es otorgado a nombre de los miles de triunfadores peruanos que podrían plenar mil veces esta sala, pues como diría, una vez más Vallejo:
«Todos mis huesos son ajenos;
yo tal vez los robé!
Yo vine a darme lo que acaso estuvo
asignado para otro;
y pienso que, si no hubiera nacido,
otro pobre tomara este café!
Yo soy un mal ladrón... A dónde iré!»
Heme aquí nuestro mensaje, primero, de dejar de lado los aspavientos que puedan rondar nuestras mentes iracundas, sintiéndonos más que los demás, cuando en el silencio universal, ser más es precisamente todo lo contrario, como las estrellas lejanas que apenas se vislumbran en el horizonte, y que todos sabemos que son grandes, pero que ellas a los ojos humanos seguirán siendo pequeñas, hasta intermitentes.
Es decir, no olvidemos aquellos mensajes vallejianos que siempre, en las buenas y en las malas, llevaron esa cruz que nos alienta, ese dedo deicida con el que muchas veces imprecamos:
«Si tu hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios,
pero tu que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación…
Y el hombre si te sufre, el Dios es él…»
Porque a pesar de ello, por si alguien lo duda o no recuerda, el hijo del hombre siempre nos respondió a su paso por este mundo:
«Tú lo has dicho…»
Y Vallejo está catalogado como un poeta bíblico, tan humano como el sufrimiento cristiano que acompaña nuestros pasos.
«Siento a Dios que camina
tan en mí, con la tarde y con el mar.
Con él nos vamos juntos. Anochece.
Con él anochecemos, Orfandad...»
Y con él llegamos al final de su mensaje poético que hemos querido rememorar en este acto:
«Yo te consagro Dios, porque amas tanto;
porque jamás sonríes; porque siempre
debe dolerte mucho el corazón.»
Bueno, todo esto parece fuera de contexto, como obviamente es la realidad del inmigrante, fuera del contexto habitual del día a día que se vive aquí en el barrio, por más pobreza que nos circunde, siempre rodeado de amor y de humor, gracias a la chispa natural de ser peruano. Tal vez por esta vía damos un aporte más al análisis vallejiano, 70 años después de su desaparición física, más no de tiempo, y justificamos así aquel Vallejo fuera de contexto que llevamos dentro, inentendible, indescifrable, como somos los que algún día, lamentablemente no muy cercano, nos fuimos de nuestro país y casi sin darnos cuenta, mutilamos nuestras raíces, nuestras «Ritas de junko y capulí». Y luchamos contra ello, pese al tiempo que no perdona y a la distancia y circunstancia que nos circunda. Son testigos: «los días jueves y los huesos húmeros, la soledad, la lluvia, los caminos…»
Jorge Carrión
A PROPÓSITO DEL RECUERDO DEL VATE PERUANO DE «LOS HERALDOS NEGROS» TRANSCRIBIMOS UNA NOTA PUBLICADA POR EL DIARIO LA PRIMERA, EN LA QUE EL EX-CANCILLER PERUANO MANUEL RODRIGUEZ CUADROS COMPAGINA ESTE RECUERDO CON LA REALIDAD DEL INMIGRANTE EN LA ACTUALIDAD.
Una norma que conculca los derechos del Quinto Suyo
Vallejo en 1926 se quejaba a Pablo Abril de Vivero, primer secretario de la embajada en París, sobre la insensibilidad del gobierno de Leguía para con los peruanos en el exterior. Lamentaba que el gobierno sólo escuchase a los “cholos peñalozas” y que sea insensible y déspota con los cholos migrantes sin gran apellido. Vallejo se decía “realista” al no esperar gran cosa de una administración consular que asumía una actitud prefectural y autoritaria, ajena a los derechos de los pocos peruanos que vivían en Francia.
Ha pasado casi un siglo y la migración llega hoy al 10% de la población. Y esos peruanos y peruanas que como Vallejo migraron por la asfixia vital o laboral de su propia patria, contribuyen al desarrollo nacional, al crecimiento económico y a la débil cohesión social del país con cerca de 3,000 millones de dólares anuales, a través de las remesas. Éstas constituyen el más grande, autónomo y eficaz plan de lucha contra la pobreza. Son 9,000 millones de soles al año que se inyectan directamente, sin intermediarios, a la alimentación, el vestido, la educación y la salud de millones de peruanos. ¿Y cómo retribuye el gobierno del presidente García a este generoso y solidario compromiso del “Quinto Suyo”? Lo hace desmantelando la política de reforma consular y promoción de los derechos de los peruanos y peruanas en el exterior. Conculcando sus derechos.
En mi gestión como viceministro y ministro de Relaciones Exteriores esa reforma se inició con la finalidad de sustituir el paradigma del “cónsul-prefecto”, rezago del Perú oligárquico, por la del “cónsul-servidor público”, inherente al estado democrático. Elemento esencial de esa estrategia fue abrir la gestión consular al aporte de los propios usuarios del sistema a través de los Consejos de Consulta, instancia asociativa de participación y sana supervisión de la administración. En siete años, los consejos han empoderado ciudadanía y han permitido mejorar la prestación de los servicios y las actividades de protección de los consulados, aplicando los principios de no discriminación, celeridad, inmediatez y legalidad.
La Cancillería ha aprobado una ilegal resolución ministerial destinada a liquidar los Consejos de Consulta, al supeditar el acto electoral de su constitución al voto mínimo del 5% de los peruanos acreditados en cada sede. El objetivo es poner una valla de participación imposible de cumplir para eliminarlos. Además, se han cambiado sus funciones y ahora se les concibe como entes que deben aplicar las decisiones del cónsul, como si fuesen empleados, sin sueldo por cierto, y sujetos a sanciones.
Las comunidades peruanas en el exterior se están movilizando contra esta decisión que vulnera su derecho a la participación. Deben hacerlo hasta obtener su derogatoria.
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